20180806 122526 e1537991264880

¿No te ha pasado nunca que has ido a entrar en un comercio y te ha echado para atrás una sensación de rechazo? A mí mismo, en ocasiones, me ha ocurrido el asomarme a una tienda y con las mismas darme la vuelta e irme sin poner dentro el otro pie.

En la mayoría de los casos esto se debe a la iluminación. Es un aspecto que los propietarios de las tiendas suelen obviar.
Por lo general, nos centramos más en gastar con el mobiliario, con otros elementos de decoración, en pintar las paredes de colores suaves e incluso de seleccionar posters con mensajes positivos antes que proporcionar la iluminación adecuada al entorno, esa que debe reflejarse en aquello que quieres vender para hacerlo más atractivo.

Y lo más grave es que confundimos buena iluminación con mucha luz.

La iluminación tiene siempre una doble función: Debe ser práctica en el sentido de proporcionarnos la cantidad necesaria para trabajar cómodamente y, además, participar activamente en la decoración del entorno.
En ese aspecto, valoro más el flexo sobre la mesa de oficina que el panel led y más resultón y barato el farol vintage en la esquina de esa tienda de antigüedades o las campanas colgantes de la frutería de la esquina, antes que el manido platillo led de luz blanca.