cables

No sé si se te ha ocurrido pensar en alguna ocasión dónde y cuándo se ha producido la electricidad que en este mismo momento está manteniendo encendido tu ordenador y el camino que ha recorrido para llegar hasta donde estés. Y cómo, a lo largo de los años, se ha conseguido la estabilidad de la Red de la que disfrutamos en países como el nuestro.

Tradicionalmente la energía se ha transformado en eléctrica por sistemas centralizados en puntos determinados de la geografía, alejados de los núcleos donde realmente se consume. A medida que las ciudades crecen, aumentan los generadores y se tienden más cables.

Que estemos acostumbrados a que no nos falle nos ha dado la falsa expectativa de que se puede conectar todo, sin límite. Y si bien la energía eléctrica es a día de hoy, la mejor, más fácil de producir, la más manejable y aprovechable, su transporte y almacenamiento siguen siendo las patas cojas del sistema.

¿Qué pasará cuando queramos enchufar las potentes baterías de los coches eléctricos? ¿Necesitaremos más y más fuentes de generación? ¿Y los cables? ¿Pondremos más? ¿Dónde? ¿En las fachadas?