caja

En la era del conocimiento, de la miniaturización, de los microcomponentes y del trabajo de los robots, la producción de lo más demandado por cualquier sociedad sigue haciéndose de forma artesanal.
Me refiero a la construcción de las viviendas.

En Urbe 2018 decenas de compañías promotoras han expuesto miles de viviendas que prometen levantar en los próximos años, ladrillo a ladrillo.

Ladrillo a ladrillo, metro a metro de cable o de tubería de fontanero, placa a placa de pladur…. Lo mismo da. Si nos paramos a pensar en el proceso, este requiere de mucha mano de obra, parte de la cual no precisa de una especial cualificación.

Así, los precios de coste de la obra se vuelven a ajustar a números que no salen para ningún industrial y un simple apartamento conlleva un trabajoso año de edificación. Pero si el material es el mismo, ¿dónde estamos recortando? En el trabajador que instala.

Ha llegado el momento de evolucionar los materiales, convertirlos en kits como hacen con los coches eléctricos o los sistemas de autoconsumo y facilitar su estandarización.
¿Haremos todas las casas iguales entonces?
¿No lo son ya?

Bueno, siempre habrá quien pueda entonces pagarse a un buen artesano para hacerse una obra singular.