El rol de vendedor de luz es para lobos solitarios. Ya me lo decía mi amigo Iván.

Probablemente tenga mucho que ver con que es un sector relativamente joven en el que se ha vendido que para un comercial habilidoso, con labia y avispado, es sencillo mover a todos sus clientes de un lado a otro atendiendo a una suerte de subasta de comisiones que ofrecen con sus cantos de sirena las eléctricas y que te permiten vivir bien o muy bien, según lo abultada que sea tu cartera.

Así lo que sigue es morder por las firmas, el «robo» de clientes entre la manada, porque yo llegué antes, sonreí mejor o te mentí como nadie.

Seamos sinceros. En este mundillo el cliente importa poco o nada. Sí es verdad que siempre hay que tener un argumento para moverlo de aquí para allá, con o sin su consentimiento, pero sólo por el hecho de que no podemos parecer tan deshumanizados, tan lobos, que tan sólo nos importe conocer su CUPS y los megas anuales.

El resto sólo es afirmar que hay que respetar la permanencia, la herramienta total que ofrecen las comercializadoras para olvidarte de su cara hasta el año que viene.
Porque, digan lo que digan, todas entran en el juego.
¿Quién es aquí el culpable? ¿El lobo o el sistema?

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